Jueves, 20 de Julio de 2017

Una buena política debe ocuparse de las personas

Por: FERNANDA VALLEJOS

Si el Estado abandona a nuestros mayores y deja de proveerles los remedios (que aumentaron, además, 70% promedio desde que Macri asumió), entonces, ese hombre o esa mujer que antes usaba su jubilación para comprar la comida y cubrir algunas otras necesidades, ahora tiene que volcar una parte importante de su ingreso a pagar remedios que el PAMI ya no le da (de 74 remedios que se cubrían gratuitamente, ahora sólo les cubre 27). Por lo tanto, al pagar por los remedios, deja de comprar otras cosas. En muchos casos, son parte de quienes dejaron de comprar carne, leche, frutas, verduras…

 

Pienso que, por ejemplo, en el caso de las mujeres, a partir de cierta edad el consumo de leche es obligatorio por el riesgo de osteoporosis… No hace falta el análisis económico para saber que cuando estas situaciones se dan, la calidad de vida de las personas se hace pedazos. Pero además, cuando esas situaciones no son casos aislados, sino que tienen que ver con una política económica que afecta a todos los que comparten la misma situación, ahí adquiere otra dimensión económica.

 

Todos esos jubiladxs y pensionadxs que ahora tienen que usar sus ingresos para pagar los remedios que antes cubría el PAMI, son millones de personas que consumen menos y, por lo tanto, contribuyen a la caída del consumo, la demanda y el estancamiento económico que hoy estamos sufriendo en Argentina.

 

La cadena sigue, porque los comercios en cada uno de los barrios de esxs jubiladxs, ahora ya no les venden lo que antes les vendían. Y esos comercios demandan menos productos a sus proveedores, debido a la caída de las ventas (es lo que nos relatan todos los comerciantes en cada ciudad de la provincia que recorremos). Los proveedores, a los que se les achica la demanda, empiezan a producir menos (también es lo que nos relatan todas las pymes que visitamos en la provincia). Cuando las empresas producen menos, necesitan menos trabajadores.

 

Si le sumamos los tarifazos y el aumento de los costos, en general, mantener las persianas levantadas es cada vez más duro y, en muchos casos, terminan despidiendo personal (lamentablemente es lo que sucede en este presente tan doloroso, donde el empleo sigue siendo destruido y la industria abandonada por las políticas públicas).

 

¿Qué quiero decir con todo esto? Que una buena política debe ocuparse de las personas. Que la economía debe tener como prioridad a las personas, a las mujeres y los hombres de carne y hueso. Pero que, además, la sensibilidad social de un Estado presente es la columna vertebral de una buena política macroeconómica: que sostenga una economía saludable, con actividad, creación de empleo, con salarios, jubilaciones, ingresos dignos y ciudadanxs con derechos.

 

 

FERNANDA VALLEJOS   Precandidata a diputada nacional de Unidad Ciudadana

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